Así aprendimos a ser Hombres

Introducción

Al hablar de “masculinidades” nos referimos a las formas en las que hemos aprendido a socializar entre hombres, como nos comportamos y actuamos construyendo nuestras identidades. El origen de muchos de nuestros comportamientos, la negociación o no del uso del preservativo, el cuidado o no de los hijos cuando nos convertimos en padres, la utilización o no de la violencia en contra de nuestra pareja y la gente que nos rodea, muchas veces son encontrados en la forma cómo fuimos educados desde pequeños.

A veces se asume que, determinados comportamientos son producto de “nuestra naturaleza de hombres”. No obstante, la violencia practicada o el uso abusivo de drogas, el suicidio y el comportamiento irrespetuoso con nuestra pareja, están relacionadas a la forma en cómo las familias y, de un modo más amplio, la sociedad, educa a los niños y a las niñas.

En culturas como la nuestra, se promueve la idea de que ser un “hombre de verdad” significa ser proveedor y protector, y se estimula a los niños para ser agresivos y competitivos. Por otro lado, son criados para adherirse a rígidos códigos de honor que les obliga a competir y a usar la violencia entre sí para probar que son “hombres de verdad”. Así, es común mirar que, niños que muestran interés en cuidar de otros niños o en tareas domésticas, o que tienen amistad con niñas y demuestran sus emociones o que todavía no hayan tenido relaciones sexuales, son ridiculizados por sus familias y compañeros.

En la mayor parte de los contextos, los hombres somos criados para ser autosuficientes, para no preocuparnos por nuestra salud ni pedir ayuda cuando la necesitamos. Tener con quien hablar y procurar algún tipo de soporte es un factor de protección contra el uso de drogas y contra el envolvimiento con la violencia, lo que explica en parte porque los hombres nos vemos más frecuentemente que las mujeres a vernos involucrados en conflictos de violencia y consumo de drogas. Diversas investigaciones confirman que, la forma como los hombres socializamos trae consecuencias directas en nuestra salud.

Por otro lado, la violencia de género es ejercida cotidianamente como la expresión de las inequidades entre mujeres y hombres; por tanto no es un problema excepcional de unas cuantas personas, sino una problemática cultural y social de raíces profundas. En México, El 43.2% sufrieron algún tipo de violencia a lo largo de la relación con su última pareja. El 67% de las mujeres de 15 años y más que han sufrido violencia en cualquiera de los siguientes contextos: comunitaria, familiar, patrimonial, escolar, laboral y de pareja. (Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares. ENDIREH, 2006).

Las cifras son graves y la realidad de muchas mujeres víctimas de violencia mucho más. En la mayoría de los casos el señalado de generar esta violencia son hombres, muchas veces cercanos a estas mujeres, sus parejas, novios, padres, tíos, hermanos.

Cambiar la forma como educamos y somos educados no es una tarea fácil, pero si necesaria para el cambio de los aspectos negativos de las versiones tradicionales de nuestras masculinidades.

¿Qué ocurre en las historias de tantos hombres que los lleva a ejercer violencia contra mujeres cercanas y a ser un peligro para ellas? ¿Puede un hombre cambiar sus patrones de conductas violentas o si es un adulto es casi imposible? ¿Qué hacer con los hombres que violentan a sus parejas, además castigar su actuar como un delito? ¿Cómo construir identidades más plenas que nos permitan vivir como hombres felices? Estas son sólo algunas de las preguntas que se pretenden contestar durante el taller “Así aprendimos a ser Hombres” a partir de una reflexión crítica y reflexiva de los/las participantes.

Cambiar esto no es sencillo, ni rápido, pues el aprendizaje de roles está muy mediatizado por actitudes establecidas desde la infancia, por esquemas que tenemos totalmente interiorizados en nuestras relaciones, y ello no cambia de la noche a la mañana. Actualmente es necesaria una redefinición de los roles de género, ya que nos han cobrado un alto costo a hombres y mujeres. Hay que tender a una sociedad diversa, en la que las diferencias no supongan una dominación de unos/as sobre otros/as.

Propósitos

  • Brindar instrumentos prácticos a los hombres para que puedan modificar actitudes y conductas en su vida cotidiana
  • Reflexionar sobre la identidad masculina y el papel de la violencia en la educación de los hombres.

Duración

El Taller “Así aprendimos a ser Hombres” tiene una duración de 25 hrs. Distribuidas en el número de sesiones que convenga a cada institución.

Dirigido a

Profesionales de la salud y la educación, funcionarios/as públicos/as dispuestos/ as a enfrentar la violencia masculina en sus vidas y en su trabajo profesional y a dar alternativas a otros hombres para transformarla en formas equitativas y justas de relacionarse.

Contenidos Temáticos

  • Presentación, integración y encuadre.
  • Construcción de identidades masculinas.
  • Emociones y masculinidad.
  • Sexualidad y masculinidad.
  • La dinámica de la violencia masculina.
  • Modelos re-educativos y metodológicos con Hombres en América Latina. (Causas, experiencias e intervención)
  • Paternidades.
  • El hombre social (empleo, pareja y relaciones interpersonales).
  • Cierre.